Yoga Puertollano

Yoga en Puertollano. Asociación de yoga Clásico de Puertollano. Asociación de Yoga y Salud de Castilla la Mancha.


  • Publicar nuevo tema
  • Responder al tema

Periódico el País Semanal "claves para amarse a uno mismo" (enviado por Sara)

Comparte
avatar
Mozos

Cantidad de envíos : 137
Fecha de inscripción : 24/02/2010

Periódico el País Semanal "claves para amarse a uno mismo" (enviado por Sara)

Mensaje por Mozos el 05/12/10, 07:54 pm

El País Semanal

Claves para amarse a uno mismo

BORJA VILASECA 31/10/2010

Nuestra independencia emocional depende de aprender a ser felices por nosotros
mismos. Esta es la conquista más difícil y la más necesaria. Cuenta una
leyenda que en un pasado remoto los seres humanos éramos dioses. Pero abusamos
tanto de nuestros privilegios, que la vida decidió retirarnos este poder y
esconderlo hasta que realmente hubiéramos madurado. El comité de eruditos de
la vida sugirió enterrar el poder de la divinidad bajo tierra, en el fondo de
los océanos, en la luna... La vida desechó todas estas opciones: “Veo que
ignoráis hasta qué punto los seres humanos son tozudos. Explorarán, excavarán
o gastarán una fortuna en naves para intentar conquistar el espacio hasta dar
con el escondite”. El comité de eruditos se quedó sin saber qué decir. “Según
lo que afirmas, no hay lugar donde los seres humanos no vayan a mirar nunca”.
Tras escuchar estas palabras, la vida tuvo una revelación. “¡Ya lo tengo!
¡Esconderemos el poder de la divinidad en lo más profundo de su corazón, pues
es el único lugar donde a muy pocos se les ocurrirá buscar!”.

¿QUÉ HAY DE NOSOTROS?

“No hay amor suficiente capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama
a sí misma” (Irene Orce) Muchos de nosotros todavía no hemos encontrado ese
poder que andamos buscando. Al vivir desconectados de nuestro corazón,
intuimos que nos falta algo esencial para ser felices. De ahí que haya
personas que no soporten estar consigo mismas, sin hacer nada, a solas con su
vacío interior. Y dado que la sociedad nos condiciona para creer que el amor
hacia nosotros mismos es un acto de egoísmo, vanidad y narcisismo, solemos
esperar que los demás nos amen para dejar de sentirnos incompletos e
insatisfechos. Pero esta búsqueda está condenada al fracaso, pues es
precisamente nuestra conexión interna lo único que falta en nuestra vida. Más
allá del placer y la satisfacción temporal que nos proporcionan el éxito y la
respetabilidad, así como el consumo y el entretenimiento, lo que en realidad necesitamos para ser felices ya se encuentra en nuestro corazón. Seamos
honestos: ¿cuánto tiempo, dinero y energía dedicamos en conocernos, cuidarnos
y mimarnos? ¿Cuándo fue la última vez que sentimos paz? ¿Qué hemos hecho
recientemente para amarnos? Como en cualquier otro ámbito de la vida, gozar de
un saludable bienestar emocional es una cuestión de comprensión, compromiso y
entrenamiento.

DE LA ESCASEZ A LA ABUNDANCIA

“La vida te trata tal y como tú te tratas a ti mismo” (Louise L. Hay) Amarse a
uno mismo no tiene nada que ver con sentimentalismos ni cursilerías. Se trata
de un asunto bastante más serio. Al hablar de amor, nos referimos a los
pensamientos, palabras, actitudes y comportamientos que nos profesamos a
nosotros mismos. Así, amarnos es sinónimo de escucharnos, atendernos,
aceptarnos, respetarnos, valorarnos y, en definitiva, ser amables con nosotros
en cada momento y frente a cualquier situación. El primer paso para amarnos
consiste en conocernos, comprendiendo cómo funcionamos para diferenciar lo que
deseamos de lo que verdaderamente necesitamos para ser felices. Y aunque en un
primer momento lo parezca, este proceso de autoconocimiento no es un fin en sí
mismo. Es el medio que nos permite adueñarnos de nuestra mente, superando a
través de la aceptación y el amor nuestros miedos, complejos y frustraciones.
Emocionalmente hablando, solo podemos compartir con los demás aquello que
primero hemos cultivado en nuestro corazón. Si no aprendemos a ser felices de
forma autónoma e independiente, es imposible que podamos ser cómplices de la
felicidad de las personas que nos rodean. No en vano, al vivir tiranizados por
nuestras carencias, nos relacionamos desde la escasez, pendientes de que los
demás nos den eso que no hemos sabido darnos. Por el contrario, al conectar
con nuestra fuente interna de bienestar y dicha, entramos en la vida de los
demás desde la abundancia, ofreciéndoles lo mejor de nosotros sin necesitar ni
esperar nada a cambio.

ILUMINAR NUESTRA SOMBRA

“La luz es demasiado dolorosa para quienes viven en la oscuridad” (Eckhart
Tolle) Por más buenos que creamos ser, todos funcionamos mediante creencias,
motivaciones, aspiraciones, deseos, actitudes y conductas egocéntricas, muchas
de las cuales no queremos ver ni reconocer. Por eso, cuando alguien señala
nuestros defectos y debilidades solemos ponernos a la defensiva. Más allá de
esta reacción infantil, la madurez emocional pasa por comprender y aceptar
nuestro lado oscuro, al que los psicólogos denominan “sombra”.
Paradójicamente, así es como podemos trascenderlo, dejando de proyectar
nuestros conflictos internos sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea.
Amarse a uno mismo también consiste en sanar las heridas emocionales derivadas
de nuestros conflictos internos. Dado que somos especialistas en huir del
dolor, al llegar a la edad adulta solemos tapar y protegernos de dichas
heridas tras una máscara del agrado de los demás. Y de tanto llevarla puesta,
corremos el riesgo de olvidarnos quiénes éramos antes de ponérnosla. Así, para
poder ir pelando las capas de la cebolla que nos separan de nuestra verdadera
esencia, es muy recomendable adentrarnos en la meditación. No en vano, el
silencio y la soledad permiten que aflore nuestra verdad. Basta con que de vez
en cuando dediquemos un rato a estar solos, sin ruidos ni distracciones,
observando todas aquellas sensaciones que vayan brotando en nuestro interior,
por muy molestas y desagradables que sean. Esta incomodidad –a la que solemos
etiquetar como “aburrimiento”– pone de manifiesto que no estamos conectados
con nuestro corazón. Y en vez de evitar a toda costa entrar en contacto con
nuestro malestar, el aprendizaje consiste en armarnos de valentía para
traspasar esta cortina de dolor a través de la aceptación. De hecho, solo
cuando lo canalizamos de forma consciente y constructiva podemos liberarnos de
su presencia.

DEJAR DE AUTOPERTURBARNOS

“Cuando te amas a ti mismo dejas de encontrar motivos para luchar, sufrir y
entrar en conflicto con la vida” (Gerardo Schmedling) Cuando tomamos el
compromiso de amarnos, lo que en verdad estamos asumiendo es la
responsabilidad de crear en nuestro interior los resultados de bienestar que
antes solíamos delegar en factores externos. Y esto pasa por cuidar nuestro
cuerpo y nuestra alimentación. También por encontrar un sano equilibrio entre
la actividad, el descanso y la relajación. E incluso por elegir con quién nos
relacionamos y a qué nos dedicamos profesionalmente. El síntoma más evidente
de que estamos cultivando el amor hacia nosotros mismos es un aumento notable
de nuestra energía vital, lo que mejora nuestra salud física y emocional.
Además, al llevar un estilo de vida coherente y equilibrado podemos
enfrentarnos al mayor reto de todos: recuperar el control sobre nuestra mente.
Solo así podemos nutrir y reforzar nuestra autoestima. Y esto pasa por dejar
de perturbarnos por no alcanzar el ideal de la persona que deberíamos ser, al
tiempo que comenzamos a aceptarnos y amarnos por la persona que somos. Al
adueñarnos de nuestros pensamientos nos convertimos en los creadores de
nuestra experiencia interior. Es decir, de nuestras emociones, sentimientos y
estados de ánimo. Y al adueñarnos de nuestra experiencia interior nos
convertimos en los amos de nuestro destino. Se sabe que nos amamos cuando
ningún comentario, hecho o situación provoca que reaccionemos mecánica e
instintivamente. Metafóricamente, a esta “libertad psicológica” también se la
denomina “el poder de la divinidad”.

LA VERDADERA RIQUEZA

“Solo poseemos aquello que no podemos perder en un naufragio” (Proverbio
hindú) Cuenta una historia que un viajero había llegado a las afueras de una
aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto, llegó corriendo
un joven que, entusiasmado, le gritó: “¡Dame la piedra preciosa!” El viajero
lo miró desconcertado y le preguntó: “Lo siento, pero no sé de qué me hablas”.
Más calmado, el aldeano se sentó a su vera. “Ayer por la noche una voz me
habló en sueños”, le confesó. “Y me aseguró que si al anochecer venía a las
afueras de la aldea, encontraría a un viajero que me daría una piedra preciosa
que me haría rico para siempre”. El viajero rebuscó en su bolsa y extrajo una
piedra del tamaño de un puño. “Probablemente se refería a ésta. Me pareció
bonita y por eso la cogí. Tómala, ahora es tuya”, dijo, mientras se la
entregaba al joven. ¡Era un diamante! El aldeano, eufórico, lo cogió y regresó
a su casa dando saltos de alegría. Mientras el viajero dormía plácidamente
bajo el cielo estrellado, el joven no podía pegar ojo. El miedo a que le
robaran su tesoro le había quitado el sueño y pasó toda la noche en vela. Al
amanecer, fue de nuevo corriendo en busca de aquel viajero. Nada más verlo, le
devolvió el diamante. Y muy seriamente, le suplicó: “Por favor, enséñame a
conseguir la riqueza que te permite desprenderte de este diamante con tanta
facilidad”.
  • Publicar nuevo tema
  • Responder al tema

Fecha y hora actual: 17/10/17, 11:24 am